Endodoncia Espiritual


-Hola, ¿Cómo estás?
-Mal. Vengo del dentista. Me hizo una endodoncia en la muela izquierda, me dolió tanto… aún tengo la cara dormida producto de la anestesia. Recordaré siempre ese “declarado” taladro; me pareció que penetró hasta el hueso…

Nos reunimos con Felipe a conversar amenamente sobre la vida y de las cosas que cada uno hace en la actualidad; mientras se agarraba la mejilla para mermar el dolor. Y el diálogo inicial que vivimos para comenzar la reunión, me quedó dando vueltas una vez que llegué a casa. Luego de cenar, comencé con mis tareas diarias de régimen espiritual. Una de ellas, es repasar cada instante, cada actitud, cada decisión; en general, revisar el actuar personal y espiritual. Hasta que llegué a la reunión con mi amigo. Capturó mi atención, pensar en aquello de la “endodoncia”; y la frase que esbozó seguido: “me pareció que penetró hasta el hueso”. Permanece vivo en la mente cuando viví mi día de “endodoncia espiritual”.

Por muchos años esperé respuestas a un modo de pensar, que se contrapone notablemente al actuar popular. De hecho, siempre me sentí fuera de las invitaciones amistosas, de las fiestas; o simplemente, lo que podría ser juntarse para estudiar, algo que es habitual para muchos jóvenes. Pero a mí, me pasaba la cuenta defender esos valores que impregnan mi existir. Fue para la semana santa. La invitación al retiro, me llegó por el lado que menos lo esperé; creo, cómo suceden todos los asuntos de Dios. Luis, un buen amigo que conocí, me invitaba a experimentar un retiro en silencio, para conocerme y saber para qué estoy hecho. La invitación, como me creo especial, llamó mi atención y opté por ir. Mirado civilmente es cosa de casualidad. Pero no es así. En todo lo que pasó, claramente está la mano de Dios. Prácticamente sin pensarlo, estaba sentado en un bus inmerso en un viaje sin retorno.

Bajamos las maletas. En la puerta, una hermana nos orientaba y nos ubicaba en las habitaciones: “las mujeres por aquí… ustedes me esperan, ya vuelvo y los acomodo”. Cada uno a su habitación. A los 10 minutos sonó una campanilla, que la hermana Dolores agitaba con mucha energía. Era el aviso para asistir a la capilla. Me senté en la primera fila, y al observar ese crucifijo colgado sobre el presbiterio, apretó mi corazón y algo penetró mi ser. Me conmovía esa imagen. El padre nos dio la bienvenida: “antes de comenzar, les doy la bienvenida. Serán días de paz, días de tranquilidad… olvídense de los problemas, de la familia, los celulares, etc. Estos días serán para ustedes, de introspección, y un renacer espiritual para salir impregnados de Dios. Durante este fin de semana, les pido que vivan el retiro, ustedes y Dios, Dios y mi alma…”; luego, la frase que cautivó mi corazón y provocó una emoción incontrolable en aquel instante: “miren el crucifijo… Señor, tú todo eso por mí; y yo por ti, nada…”. De rodillas frente a sus ojos, no paraba de llorar. Jamás recé tanto en mi vida como esos días. Si mi amigo recordará el taladro del dentista, yo jamás olvidaré las palabras del padre Ibrahim. Caer en la cuenta de todo lo que Dios me brinda, fue la verdadera endodoncia que provocó el cambio que tanto necesitaba mi espíritu, y junto a eso, entender lo privilegiado que soy de saber; conocer la verdad. Y así, cambiar mi vida.

Si no has vivido un retiro espiritual en modadilad Ignaciana, te invito que hagas la prueba. De seguro será una experiencia que no podrás olvidar.

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Comentarios

  1. Estimado Francisco:

    ¿Sabes?, tomaré en cuenta tu sugerencia. Yo no he asistido jamás a un retiro de modalidad ignaciana, así que, no es malo experimentar por primera vez.

    Te envío un abrazo,

    Pía

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  2. Yo asistí a un retiro hace unos años. La verdad, es una experiencia única, absolutamente recomendable. Esperemos que muchos se animen y asistan, como dice Francisco: "no se arrepentirán".

    Marianela.

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  3. Hola, Francisco Javier.

    Me ha gustado mucho el texto. Yo riempre recordaré mi primer retiro en silencio, tenía catorce años y no veas lo que me costó, pero fue muy hermoso. No era ignaciano, era del Opus Dei, pero fue muy intenso y me marcó. Creo que es de las tres experiencias espirituales más fuertes de mi vida (las otras dos son la conversión y la vocación).

    Me gusta tu blog, aunque debo decir que me gustan los blogs con mucho material, y éste tiene poquito. Pero bueno, como decimos en Valencia, més val poc i bó que molt i roí ("más vale poco y bueno que mucho y malo").

    Lukas Romero

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  4. Pía: "Te aseguro que no te arrepentirás, todos necesitamos caer en la cuenta para qué estamos hechos. Disfruta tu retiro, y aprende lo que puedas. Gracias por leer estas líneas. Te envío un abrazo".

    Marianela: "Gracias por participar y por opinar. Gracias por utilizar parte de tu tiempo en leer este blog y por participar. Un abrazo".

    Lukas: "Agradezco tus palabras. Qué lindo es ver y saber, que hay muchas personas predicando los mismos valores; me motiva a seguir. Y, la suegerencia de poco material, sí, en efecto tengo poco, pero trataré con el paso de los días escribir y actualizar, y junto con eso, poner a disposición de los lectores mayor material. Y nuevamente, gracias por dedicar tiempo a leer estas líneas. Recibe un abrazo"

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