El Matrimonio


Hace pocos días, un grupo de amigos se reunía para “despedir” de la soltería a uno de los suyos. Entorno a la mesa, veo cómo estamos envejeciendo. Hasta un par de años, la reunión se hacía efectiva para correr detrás un balón de fútbol. Pero ya estamos viejitos, y lo que manda, es la ley del mínimo esfuerzo y las comidas. Por ello, el lugar escogido fue “La Piccola Italia”. El lugar es lindo, acogedor y cercano para muchos; a ver, es cercano para agarrar el metro. Miraba alrededor y pensaba que aún creo en el viejito pascuero. Cuál de todos engrupía más. Muchos, recitaban la receta para disfrutar un excelente matrimonio, casualmente, eran los que no lo estaban. Porque los casados estaban calladitos. Imagino que no querían echar por la borda la ilusión del novio, amigo, compañero. Y, ¿Para qué estropear el instante?

Me pregunto por qué debemos mirar las relaciones matrimoniales de modo negativo. El oír hablar a muchos, da la impresión que el asunto del compromiso es lo peor que le puede pasar a una pareja. En parte, puede que los actuales tiempos mantengan en las personas el ideal del “no compromiso”. También juega un rol fundamental la enseñanza del hogar. Pues, son los padres los encargados de incentivar el compromiso en pareja brindando el ejemplo. Un matrimonio bien constituido, formará personas aptas para el compromiso. Pienso que este puede ser el inicio del problema: la familia. Porque en nuestra sociedad, hace bastantes años soplan vientos de “liberalismo”.

Los comensales y las recetas. “Lo importante es la comunicación” -Dice uno- “Sí, definitivamente, la comunicación es la base del triunfo” -Completa Ignacio-. Me pregunto si estos tipos viven lo que plantean. Les aseguro que son los primeros en tener problemas de pareja, pero como no los vemos, no lo podemos corroborar. ¿Qué opinas tú Pancho? -Me pregunta el novio- “Yo aprendí que la pareja es un complemento, que está dividido en 50 y 50. Ambos, fabrican el 100%”. ¿Ella es tu 50%? -Le pregunté al novio- “Creo que sí, Panchito. Al menos, me siento tremendamente bien con ella, hacemos cosas juntos, planificamos, compartimos… en general, todo es armonía”. Continúo exponiendo su idea, y me dijo: “pero, ¿Sabes? Esto no me lo dijo ni un psicólogo, ni un psiquiatra; lo hizo un sacerdote”. Asentí con la cabeza, y le extendí mi mano para felicitarlo. Este amigo, tiene gran felicidad y dicha en la relación que acaba de afrontar. El compromiso jamás fue problema para él, porque, su familia está bien constituida. Conoció a su señora, se comprometieron, trazaron líneas y fijaron metas en común. ¿El resultado? Casa nueva, matrimonio… y un tremendo futuro junto a la mujer que ama. Alcé mi copa, y propuse un brindis. Para mi sorpresa, el resto de los amigos escuchaba casi con la boca abierta el intercambio de ideas.

-Señorita: “¿Nos trae la cuenta por favor?”

-Enseguida, señor.

Camino a casa, pensaba en lo hermoso que ha de ser compartir la vida con una chiquilla buena onda. Enfrentar las situaciones diarias, luchando por un objetivo en común. Compartiendo penas y alegrías. Pero, un momento… en algo hay que perder. No tengo una pareja, pero disfruto de mis momentos, los viajes, la soledad. Sé que estoy hecho para ser el complemento de una mujer. ¿Habrá alguna para mí en este alocado mundo de hoy?

Comentarios

  1. Ojalá todo el mundo pensara de este modo, pero, realmente, es una utopía. Linda manera de pensar, esperemos que puedas llevarla a cabo.

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