Decepción


¿Cuántas veces no hemos palpado la decepción? Luego de un encuentro deportivo, bajas calificaciones en la escuela. La pérdida de un amor, peleas con hermanos o familiares, etc. El ser humano fácilmente cae en decepciones. Es el riesgo de compartir entre nosotros. Las relaciones humanas tienen muchas cosas, entre esas cosas, alegrías, penas, etc. ¿Pero por qué sufrir cuando alguien nos 'decepciona'?

Desde que nacemos estamos rodeados por nuestra familia y personas cercanas. A medida que vamos creciendo, cambiamos los personajes, ahora tenemos compañeros; seres similares a nosotros. Más creciditos, cambiamos de relaciones. Aparece el gusto por las mujeres. El cariño que sentimos por los padres y familia, lo cambiamos por la mujer; o los hombres, en el caso de las féminas. Utilizamos mucha energía en dar en el gusto a esa persona especial. Nuestros esfuerzos se esmeran para alegrar la vida de la persona que nos llena.

El pololeo dura máximo un año. En ese lapso de tiempo, dos personas se logran conocer y observar sus gustos y necesidades. También, es la oportunidad para averiguar la educación que nuestra pareja ha recibido. De coincidir, esa pareja se afianza y comienza el camino del compromiso y futuro matrimonio.

En el caso de la amistad, esta se afianza por años. Muchas personas conservan amigos desde sus primeros años de escuela. Otros son vecinos del barrio o compañeros de universidad. Todos, coinciden en gustos y necesidades comunes. Con algunos, más que con otros, sentimos más confianza. De hecho, pocos llegan a ser verdaderos "amigos", esos que están contigo en las buenas y malas. Cuando tenemos problemas familiares, esas personas, son las únicas que parecen entendernos. Un amigo es un tesoro valioso muy difícil de encontrar en estos tiempos. Más todavía, sabiendo que la sociedad está cada vez individualista. Preocuparse de los demás, es para tontos "buenitos"; ayudar en estos días, es asunto para las personas adineradas.

Hace unos años conocí a un amigo. Juntos coincidimos en el gusto por los viajes. Planificamos viajar por todo Chile para fomentar el turismo y publicar una guía con datos útiles para el viajero. Invertí mucho dinero en ese proyecto. Él también puso lo suyo. Pero cuando llegó el tiempo de llevar a cabo la tarea, nos distanciamos y el tiempo pasó. Hice algunas averiguaciones sobre cómo llegar a publicar esta revista. Consulté con una amigo diseñador; ya saben, por el tema de la revista y página web. Pero no contábamos con el dinero fresco para sustentar la meta.

Pasó un año, y hoy me entero que salió una publicación de mi "amigo" en un conocido periódico chileno, más encima, utilizando mi nombre y promocionando asesorías turísticas. Mi "amigo" sin aviso, comenzaba a dar pasos en un trabajo, que se supone, haríamos juntos; pues juntos hicimos el viaje. No me comentó nada. Sólo apareció en el periódico y me di por enterado. Debo reconocer que me molestó ver la nota; me sentí traicionado. Pero, me tranquiliza saber que del ser humano se puede esperar cualquier cosa y mejor estar lejos de personas así. Si una persona no es criada espiritualmente, difícilmente se podrá poner en el lugar del otro. Las cosas materiales importan en esta sociedad, pero no es indispensable para la vida espiritual. Mi amigo deberá rendir cuentas. ¿Cómo se las arreglará para remediar el daño cuando esté apunto de morir y no me vea más? Sólo Dios sabe.

Sabía que esto se daría, por lo mismo, tomé algunas precauciones antes de todo; como lo fue, inscribir las fotografías en derecho de autor (cosa que mi "amigo" no sabe). Así que, cada vez que vea una fotografía mía, deberá cancelarme parte de las ganancias. De lo contrario, a juicio señores.

Lamentablemente, estamos en el mundo. Y hay que estar preparados para todo. Una vez, me comentaron que la vida es como jugar ajedrez: "hay que mover las piezas siempre pensando en la defensa"; vaya que salió una realidad.


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