Cuidado con lo que piensas




Muy pocas personas son honestas. De hecho, la honestidad la inculcan los padres desde que somos pequeños, por eso, es una cualidad que debemos desarrollar a muy temprana edad. Socialmente, apenas comenzamos a crecer vamos restringiendo nuestros pensamientos hacia los demás, producto de vergüenza, perder la amistad; o caer mal a la personas que estamos encarando. Si existe alguien que dice tomar las críticas de buena manera, seguramente no estaría siendo honesto contigo. Aceptar la verdad, es un fuerte trabajo que una persona puede ejercer sobre su humanidad.

Pero, ¿Cómo sobreponernos ante la vergüenza de no decir lo que realmente pensamos? De hecho, existen técnicas que te permiten caer en la cuenta sobre lo que te afecta del resto; lo que piensas. Primero, ¿Han notado que muchas veces de la nada su estado anímico varía? Deténganse entonces, hasta descubrir que gatilló tu pensamiento; qué pasó; analizar si fue algo dicho por alguien, etc. Luego de eso, tener la sapiencia de saber, si le tomamos la importancia justa o más de la cuenta. Tengan en cuenta, que un pensamiento lleva a la acción. Por lo tanto, todo lo que su mente encuentre bien, ustedes lo ejecutarán.

Conversando con un amigo hace unos días, me comentó sobre la fiesta de navidad, realizada en el curso de su pequeño hijo. Coincidió con sus vacaciones, por lo tanto, pudo cooperar fuertemente con todos los preparativos de la misma. Incluso, le tocó el rol de comprar los obsequios para los pequeños.

Durante todos los meses, los apoderados de los niños cancelaban un dinero, para completar un fondo en post los regalos. Muchas mamitas, por diversos motivos, no lograron completar sus cuotas. Por lo tanto, algunos pequeñines no recibirían el esperado regalo navideño. Esto, tocó el corazón de mi amigo, quien al ver que algunas mamás retiraban a sus hijos, este les decía que no lo hicieran pues, estaban considerados de igual modo en la fiesta. Me emocionó saber, que una de las mamás, lo abrazó y le dio las gracias ante su gesto. Mi amigo, al ver la felicidad de la madre y su pequeño hijo, se sintió pagado.

Quise compartir esto, sin saber si mi amigo acepta que exponga su vivencia. Pero, me parece lindo saber, que algunas personas razonan en el momento, pero siempre anteponen las emociones que su corazón les dicta.

Bien por su pensamiento (lindo); mejor por la acción de entregar amor a una madre, y más, a su pequeño hijo.


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