Seguridad de lo conocido

Este pasado fin de semana, luego de una destacada jornada espiritual, tuve la oportunidad de arrancarme por unos días al litoral central, específicamente, hasta la comuna de San Antonio. Como ya tenía la mayoría de las notas puestas, me relajé y partí. Eran las 20:00 hrs. del domingo.
El bus, cuando hace su ingreso a San Antonio, lo hace descendiendo desde los cerros. Antes de la construcción del mall, desde la máquina podías observar el puerto, sus grúas y una notable postal del Mar. Sin embargo, hoy la visual es completamente distinta En vez de admirar la inmensidad del Mar, desde hace un tiempo, te encuentras de frente con la imponente infraestructura del edificio que alberga el Casino del Pacífico y el Mall de San Antonio. Quedé impactado con lo que estaba mirando. Inmediatamente me puse a pensar en las familias que viven en los cerros aledaños a la costa, y que tenían palco preferencial para admirar la postal que más identifica a los habitantes de esta localidad: la puesta de Sol sobre las instalaciones del puerto y los botes fondeados. La primera conclusión a la que llegué, fue impactarme con la potencia que tiene el dinero, que está por encima de las necesidades humanas, permitiendo este tipo de aberraciones. Eventualmente, la construcción del edificio dio trabajo a muchas personas. Pero esto fue esporádico. A la vez, el casino y el mall, abren una brecha de oficios y trabajos, que brindan a los "san antoninos" la oportunidad de ganarse la vida de una mejor manera. Pero, ¿era necesario una obra de este tipo en la zona? Los adelantos tecnológicos y la modernidad, están proliferando en nuestro país, permitiendo incluso, que se esté cambiando drásticamente la fachada natural de algunas localidades nacionales.
Al día siguiente, estaba instalado preparando mi almuerzo. En eso, una perrita, de raza pastor alemán, se acercó a la cabaña donde me encontraba. Bajé para "saludarle". Ella, lanzando pequeños aullidos, festinaba de las caricias que le regalaba sobre su cabeza; sentía que con esa actitud, Pastora, como todos la conocen, me daba la bienvenida. Se trata de una perrita que dejaron abandonada entre las cabañas, al poco tiempo de nacer. Por lo tanto, creció y se crió en este lugar. Ella jamás ha salido del complejo, salvo para dirigirse a la playa. Cuando algunos de los dueños de casa sale rumbo a la costa (que está a pasos de las cabañas), la perrita los acompaña y, antes de cualquier reacción, corre y se lanza al agua de un sólo brinco. La perrita disfruta a concho el momento, corre, salta y juega con las personas que están cerca. Cuando caminas de regreso a casa, ella te sigue y acompaña. Sin embargo, cuando tú cruzas el umbral del portal de entrada, se detiene y retrocede; no cruza la salida, para mantenerse siempre al interior del complejo veraniego. Cuando regresé de las compras y me senté para comer, me puse a pensar en la actitud de la perrita, ¿acaso no nos sucede algo similar a nosotros? Me refiero, a que es mucho más sencillo dominar el territorio conocido, que salir a enfrentar y experimentar nuevas sensaciones. Obviamente, esto no le sucede a todas las personas, pero la realidad de Pastora no dista de lo que sienten y viven una gran mayoría de seres humanos, que prefieren permanecer en lugares conocidos, antes de permitirse conocer sitios nuevos.
Con esto no quiero hacer un juicio drástico ni nada por el estilo. Sólo quise compartir una breve reflexión, que nació ante la actitud de un animalito del cual pude comprender que, si caminamos por una senda firme en valores y sabiduría (acompañada de acciones concretas) no debemos temer ante lo desconocido; pues lo sortearemos de manera óptima.
Para los civiles: cosas del destino; para los creyentes: la confianza en Dios. La elección es individual, y lo mejor, de manera libre. Por lo mismo, que potente es el mensaje de Jesús, que nos invita a salir y comunicar la buena nueva a todo el mundo. ¿Estamos confiando plenamente en el poder amoroso de Dios?
Francisco:
ResponderBorrarMe llamó poderosamente la atención la reflexión que haces. Muchas veces he actuado sin pensar las cosas cuando me veo envuelta ante un episodio de temor a lo desconocido. Jamás he ido más allá y ver que es una cuestión que afecta a muchos. Siempre he pensado que soy sólo yo la que no domina ciertas cosas que suceden a mi alrededor. Tú me das a entender que a muchos les afecta atreverse a cruzar el río como se dice. Como es el temor, me da risa jaja.
Linda la historia de la perrita. Afortunadamente existen muchas personas que le brindan cariño a la pobre.
Me gusta como ves las cosas de la vida, admiro la manera en las compartes lo cual te agradezco, porque leerte es un agrado. Sigue así mi querido amigo.
Besos y abrazos para ti.
Amigo, poner nuestra confianza en Dios es un "ancla" para nuestra vida. Te regalo Isaías 26:3,4,
ResponderBorrarDTB =)
un saludo
ResponderBorrarQue grato es leer sus comentarios una vez más, muchas gracias por participar.
ResponderBorrarJudy: gracias por el tremendo comentario que me obsequias. Te dejo un abrazo y te invito a que sigas comentando en la medida que puedas.
Pat: muchas gracias por el regalo, ya lo he leído, gracias.
Marta: bienvenida y gracias por comentar. Pasa cuando quieras ;-)
Un abrazo para todas, espero que sigan bien durante la semana. Gracias por la visita y por los comentarios...
Es totalmente cierto que tenemos miedo a lo desconocido, y por eso tambien tenemos mucho miedo a la muerte. Esos miedos no nos dejan vivir plenamente.
ResponderBorrarUn abrazo, y gracias por tus visitas y comentarios a mi blog
Estimado amigo muy buena reflexion, aprovecho para desearte una linda semana llena del Señor.
ResponderBorrarDios te bendiga.
M. Jesús: comentar tu blog lo hago con gusto. Siempre es grato leer tus escritos. Así que me tendrás seguido por ahí ;-)
ResponderBorrarJenny: gracias por las bendiciones. Te deseo una linda semana junto a los tuyos. Un abrazo y gracias por la visita ;-)