Razonar y Actuar: Vivir


Muchas veces, convivir con ciertas personas del mundo me agota. Es tanta la irracionalidad en el actuar de muchos, que compartir con ellos se torna desagradable. Recuerdo, por ejemplo, la época de la escuela. Un día llegó a la sala de clases un profesor nuevo, el cual nos preguntó: “¿Ustedes a qué vienen a la escuela? -A estudiar; fue la respuesta de los que estábamos en la sala-”. Pero, si lo dicho por todos era cierto, no deberían existir bajas calificaciones. La dualidad en nuestro actuar comenzaba a operar a temprana edad. En casa, el asunto no varía mucho. Con el tiempo, tuve oportunidad de conocer la realidad de una familia, cuyo integrante más pequeño aún estaba en la escuela. Un día, estaba presente en su casa, cuando llegó el pequeño. La dueña de casa y madre del chico, le dice: “¡Hijo! ¿Tienes tareas que hacer? Hágalas ahora mismo…”; el muchacho dejó el bolso sobre la mesa de estudio (de mala gana), se puso a realizar sus deberes. Mientras, yo conversaba con la mamá, ella miraba su telenovela favorita. ¿Señora, y usted no le ayuda a su hijo con las tareas escolares? -Le pregunté- “Noooo, las materias que les pasan ahora en la escuela, yo no las conozco. Y le debo exigir, porque este niño es tremendamente flojo” -Me respondió-. Caramba, las palabras de Jesús: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mt. 7, 1-6). El colmo, una mamá floja, le exige a su hijo que no lo sea… ¡Insólito!

El desconocimiento que impera en las personas sobre la religión, causa estragos en la educación de los niños y jóvenes. Dios, nos ha proveído de una inteligencia y una mente para razonar. Pero, es muy común, oír a personas esbozar frases como: “La vida es así, dura, injusta…”; incluso, muchos culpan a Dios de las malas decisiones tomadas en su momento. Yo me pregunto: ¿Qué culpa tiene Dios? Por ejemplo, hace unos meses atrás, en Chile, hubo una alerta de erupción del volcán Chaitén, ubicado en la localidad del mismo nombre. Por “culpa” del volcán, los habitantes fueron evacuados a la ciudad de Puerto Montt. Al llegar a la ciudad, muchas personas alegaban abandono de las autoridades; siendo que fueron estas las que dictaminaron la evacuación. Y, otras, iban más lejos, culpando a Dios como autor de la tragedia suscitada en el pueblo.

¿Tan difícil es hacer caso? El ser humano por mucho tiempo ha estudiado a los volcanes, por lo tanto, hoy sabemos muchas cosas más acerca de ellos que hace décadas atrás. Si los vulcanólogos advierten sobre los riesgos de poblar las bases de los gigantes que erupcionan, ¿Qué hacemos los hombres y las autoridades? Pues, las pueblan; y luego, no se hacen responsables de las decisiones.

¿Y los políticos? Que ingresan y hacen carreras políticas, dejando de lado tiempo valioso junto a los suyos, ¿Y qué ganan? Claro, ganan dinero, pero el tiempo que pierden al no compartir con los suyos, es tiempo que no volverán a vivir. Un día me dijeron por ahí: “El tiempo pasa inexorablemente”, y vaya que tenía razón ese personaje. El ser humano, tratando siempre de ocupar el lugar de Dios, intentando llenar las necesidades de todas las personas. Intentando tomar la mejor decisión sobre los gobernados; y muchas veces, algunos actúan noblemente. Pero, la verdad, lo hacen mal. ¿Hasta cuándo no entenderemos que Dios respeta nuestra libertad? Justo lo contrario que hacen nuestros gobernantes…

Tantas veces hemos oído recetas para ser felices. O el mejor “modo de vivir”. Sólo razonando podemos obtener la felicidad. La persona que razona, sabe perfectamente a dónde va con su vida. Cuando tenemos consciencia de las consecuencias de nuestros actos, y nos hacemos responsables de los mismos, evaluando nuestro actuar, y la fuerza de la oración como compañera, obtendremos la felicidad; y por ende: “La Vida”.

Comentarios

  1. Felicitaciones, muy lindo diseño. Me gustó mucho lo que escribiste, cuánta razón tienes... te envío un abrazo.

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  2. Toda la razón, coincido plenamente contigo... te envío un abrazo desde Uruguay.

    Romi.

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  3. No siempre es fácil para encontrar esas razones para vivir; siempre hay que echar una buena mirada en lo que tenemos, y volver a comenzar si no estamos satisfechos... si se puede, claro está. Bendiciones.

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