Un gran temor
Con el paso de los años uno se pone más "mamón". Lo que antes miraba con ojos desinteresados hoy me afecta más de la cuenta.
Todos hemos imaginado en algún momento cómo llegaremos al final de nuestra vida; esos últimos años, meses o días. Desde que me convertí en papá, todo lo relacionado con el tiempo de vida se ha vuelto una preocupación extra. Tengo temor de morir y dejar a mi pequeño hijo solo enfrentado a este mundo cada día más despiadado. Como todo papá, quiero para mi pequeño lo mejor que le puedo brindar. De hecho, cada día es un nuevo desafío y se enfrenta de la mejor manera razonando que todo sacrificio vale la pena pensando él.
La vida tiene esas cosas raras, porque cuando te enfrentas al desafío de elegir una carrera profesional eres muy joven e inmaduro. En general, el deseo de ser papá se relega por varios años: primero se debe terminar la carrera, disfrutar la juventud, juntar dinero para una casa y después pensar en formalizar una relación para construir un hogar y recibir de buena manera a los hijos. Sin embargo, con los años te das cuenta de que eso no es lo más importante. Solo basta el amor que le puedas brindar y las ganas de salir adelante, por ellos, por tu pareja y por ti.
En ese transitar, una vez que nos vemos obligados a sacrificar nuestros gustos por el otro, sabemos que debemos hacer "algo más" para tener más dinero y eso lo relacionamos con estabilidad. Por lo mismo, nos embarcamos en estudiar, perfeccionarnos aún más con la finalidad de escalar un puesto más arriba que el resto en esta alocada carrera profesional; muchas veces, no tan valorada como quisiéramos. Lamentablemente, cuando tomamos la decisión de perfeccionarnos, necesariamente, la familia se ve afectada en tiempo y dedicación.
Por lo mismo sostengo, que, la vida tiene esas cosas raras... Por un lado, la apuesta es para ganar. Pero, por el otro, la pérdida de tiempo no se recupera.
No olvidemos disfrutar de las cosas simples de la vida. Sobre todo, pensando en los hijos; cada momento, cada instante cuenta, pues, estos pequeños crecen muy rápido.
Yo no imagino la vida sin mi pequeño hijo. Llena mis días, le da sentido a mi vida y es una alegría constante cada vez que aprende algo nuevo o me demuestra su amor con un "papá te amo", un abrazo o un regalo de esos que solo él sabe dar. ¿Qué importa en lo que trabajes? Lo más importante es llegar a casa con la tarea hecha y ver la cara sonriente de ese pequeño que aún ni se imagina lo ingrata que muchas veces puede llegar a ser esta vida.
Más allá de una cuestión de fe y convicciones ideológicas, la vida es igual para todos y la debemos afrontar de la mejor manera posible. Cada vez que pienso en mi pequeño analizo lo lindo que es vivir. Pese a todas las dificultades que debemos sortear, siempre es lindo ver con ilusión esa alegría por la vida que contagia tu hijo.
Cuando el pequeño haga una travesura o se ponga mañosín, cuenta hasta diez... Total, cuando fuimos chicos probablemente hicimos lo mismo o peor con nuestros padres. Les aconsejo analizar que todo tiene solución y que el pequeño, necesita descubrir y aprender. Hoy comparto mi decisión: no retaré más a mi hijo de la manera que lo hago cuando se porta mal o se pone mañoso. Un abrazo y un te amo pueden mucho más.
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