Escrito sin mucho sentido



Pasó más de un mes que no publicaba algo en mi querido blog; y ya era hora de que lo hiciera, ¿no les parece? Por lo mismo, acá me tienen, escribiendo sin tener una idea clara en mente, pero pensando en compartirles algo de mi vida. ¿Qué les parece si les cuento de mi nuevo trabajo?

No sé si todos saben, pero renuncié a mi antiguo trabajo el miércoles pasado ante la mirada incrédula de mi jefe. Igual lo tomó bien. Como las relaciones laborales no eran malas, me pidió si podía asesorar a mi reemplazante por los últimos dos días, o sea, jueves y viernes; más encima haciendo asesorías, y por la misma plata... pero así es la vida. Además, cuando las cosas te las piden de buena manera, no te puedes negar, ¿o sí?

-No hay problema, le dije a mi jefe, con la confianza por las nubes (igual se me elevó el ego, debo admitirlo).
-No se hable más, dijo con en un tono de voz pausado; se levantó de la silla y cerró la puerta.

El viernes, toda la planta de trabajadores hizo una colecta y compraron una torta en honor a mi despedida. El punto es, que lo encontré un hermoso gesto; sobre todo viniendo de personas que se muestran rudas y que no son buenas para dar a conocer sus emociones. Realmente fue conmovedor. Disfruté más que nunca de esos momentos. Pensar que siempre estuvimos juntos, pero que poco valoramos esto en el día a día; con razón una canción de Juanes dice: "nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes...", vaya que es verdad. Al momento de la despedida, mis ex compañeros, me regalaron una polera firmada por cada uno de ellos; al más puro estilo despedida de cuarto medio; en todos los espacios de la indumentaria había letras y dibujos; la camisa está guardada en un lugar especial de mi casa; aunque el mejor recuerdo quedó grabado en el corazón. Después, uno a uno, comenzaron a despedirse. Me deseaban éxito en mi nueva experiencia laboral porque, según ellos, me lo merezco; esto es quizá lo que más valoro: "te lo mereces". Una persona por ahí, me critica, porque dice que yo siempre ando en busca de la aprobación de los demás. Yo no creo que sea así. Pero mirado desde otro punto de vista -como me gusta observar las cosas-, que lindo es palpar lo que uno puede provocar en el otro cuando lo tratas, precisamente, como a una persona; como ser humano. De hecho, personas que se declaran ateas, me dijeron que les enseñé, con mi vida y hechos (por favor, que no suene a vida ejemplar ni santa, porque no pretendo eso), que amar a las personas es posible más allá de una relación de pareja. Que el trato de igual a igual no denigra al más poderoso, y que un trato decente y gentil, puede, efectivamente, mover montañas.

Aquella tarde, regresando a mi casa en un vagón de Metro repleto de caras serias y cansadas, entre otras cosas, pensaba en la enseñanza que uno puede adquirir a lo largo de su vida. Como podemos crecer viviendo experiencias que nos hacen razonar en lo que estamos haciendo, para dónde vamos, cuál es el sentido de nuestro existir... o hacia qué nos estamos orientando. Me gustaría decirles muchas cosas a través de mis líneas, pero como les dije en un comienzo, no estoy siguiendo una idea premeditada; estoy más bien en ánimo de improvisación.

Trabajo nuevo

Es lunes. El reloj marca las 07 hrs. con 35 min. Camino a paso lento por Av. Matta. El bendito Metro de la Línea 2 me deja en Parque O'Higgins; a considerable distancia de mi nuevo trabajo. Me dije: "me voy en Metro hasta Parque O'Higgins, y desde ahí, agarro un bus hasta Portugal"; era una buena idea. Sin embargo, nadie ni nada, me avisó que al bajar ahí, a esa hora de la mañana, me implicaría tener que caminar todas esas cuadras, porque en ese paradero que está a la salida de la estación Parque O'Higgins, de la Línea 2 del Metro, hay tanta gente, que uno no puede subir a los buses... ¡genial! Así las cosas, me vi en la obligación de bajar unos kilitos de más, caminando tamañas cuadras; sumado al frío mañanero... imagínense.

La empresa donde trabajo es pequeña, pero tiene mucho movimiento. Es relativamente nueva en el mercado. Esa mañana, todos (desde la jefatura, hasta el amable señor que cuida la entrada) esperaban mi llegada; el ambiente de trabajo es muy grato. Tal vez en algún otro escrito les cuenta más, pero me encanta mi nuevo trabajo, cada día lo disfruto mucho más.

Es gracioso, pero junto a mi escritorio, hay una estudiante de intercambio que está haciendo una pequeña práctica en el lugar. Proviene de Alemania y no habla mucho español; se imaginarán como gesticula al hablar con nosotros... ¡ah! Olvidaba mencionar que la gran mayoría somos hombres, por lo tanto, la muchacha es la Miss Universo de la empresa. ¿Cómo la ven? En todo caso, entre nos, yo creo que soy el único que la mira a los ojos cuando le habla (a ver si me la creen).

Así ha estado mi semana. Además, les cuento que me resfrié. Tengo tos desde el lunes, y la lindura no me quiere abandonar. Incluso hoy tengo picazón insoportable de garganta... ¿qué tal?

Me salí un poco de la línea editorial de este humilde espacio, pero como recibí algunos incentivos para que actualizara mi blog, esto es lo que resultó. Para la próxima, les prometo preparar algo para que podamos debatir. Por ahora, eso es todo, nos reencontramos muy pronto.

Comentarios

  1. Muchas felicidades por tu nuevo trabajo. Que seas un aporte en todos los sentidos.
    Saludos

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  2. mucho exito, francisco! siempre es bueno renovarse

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