Apoyo de amigo



Hoy amanecí mejor del resfrío que me aqueja, tal vez, porque desde anoche me estoy medicando con Nastizol; sólo me falta beber sopa de medicamentos. Lo importante es que sigo mejorando, por lo que, incluso, me estaría reincorporando a las clases este martes. Hablando de esto, no quiero ni pensar en la cantidad de lectura y trabajos que me esperan... entre el trabajo y el estudio, mucho tiempo no me queda para hacer las dos cosas bien, así son las reglas del juego.

Anoche, a eso de las 22:00 hrs., recibí una llamada inesperada que me alegró mucho; era Felipe, que llamaba desde Madrid. Vive en Europa hace 4 años. Se fue hasta la madre patria en calidad de seminarista de una conocida congregación. Sin embargo, Felipe, me comentó que por estos días se encuentra algo triste a causa de las situaciones que está viviendo la Iglesia católica. Es que, las atrocidades que han salido a la luz pública, además de condenables, son vergonzosas. De paso, y como la gente generaliza, el palo le llega a cuanta persona declarada católica aparece por el camino de los demás. Por esta razón está triste mi amigo. Entre otras cosas, siente que las personas están más alejadas de Dios y la Iglesia, que como institución, está siendo cada vez más cuestinada; como si creer en Dios dependiera de ello. En este sentido, todas las personas que hemos trabajado, apoyado y colaborado en alguna actividad parroquial, sabemos que tenemos todas las miradas sobre nosotros, cuestionando, analizando, y fiscalizando nuestro actuar. En este sentido, todos se pueden caer o cometer errores, pero los que están comprometidos con la Iglesia, no. Al menos, eso es lo que piensa la gente en general. Aunque, reitero, no es la mirada correcta, pues todos los seres humanos cometemos errores.

Mi amigo Felipe es una persona muy exigente con él. No tolera cometer un error dos veces. Para él, todos somos conscientes de las cosas que hacemos y, a la vez, somos responsables de nuestros actos; o sea, es un convencido de que podemos tener el control sobre nuestro actuar. De hecho, su lema es: "podemos cometer un error, pero de éste debemos aprender para no volver a caer en la misma cuestión".

Los que me conocen, saben que soy un identificado con estas palabras. Estamos claros que todos cometemos errores, pero, según las circunstancias de la vida y la edad, es el grado de tolerancia que puedo dominar. No es lo mismo, por ejemplo, que un adolescente hierre una, dos, tres o más veces, a que estemos perdonando una y otra vez a un adulto; sabiendo que, "supuestamente", un adulto sabe lo que hace. No se confundan, por favor, la cuestión no es juzgar, pero debemos observar lo que las personas hacen para aprender; si una persona no asume sus errores, simplemente, no se le puede pedir más. Tendrá cualidades para otras cosas. En fin, podríamos debatir largas horas sobre este punto.

Mi amigo ha notado que siendo exigente, con el paso del tiempo, se ha ido quedando solo; pero ésto no le aproblema. Como él dice, la mediocridad nos rodea. Yo conozco a Felipe hace muchos años. Les podría decir que él es uno de mis mejores amigos. Por tal motivo, apoyo su forma de ser, porque ha sido motivo de inspiración para mi vida. Sin ir más lejos, en el escrito anterior, les comenté lo que significó para mí dejar mi antiguo trabajo compartiendo con mi grupo de colegas; junto a eso, recibiendo su cariño y buenos deseos. A la vez, les comenté lo emocionante que era para mí recibir sus loas, porque era lindo palpar el reconocimiento cuando uno se esmera por hacer las cosas lo más bien hechas posible.

Un día, otro buen amigo, me dijo: "Haz tus cosas como correponde; esmérate por hacerlas lo más perfectas posibles. El resultado vendrá por añadidura". Asimismo, me invitó a leer un breve pasaje bíblico llegando a mi casa. Es el mismo pasaje que deseo compartir con ustedes, estimados lectores y, además, dedicárselo a mi querido amigo Felipe.

"Si el mundo los odia, sepan que antes me han odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia. Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió" (Jn 15, 18-21).


Comentarios

  1. No sabes cuanto comparto contigo de tu dolor y del pasaje que nos has dejado.

    Me siento tan parte de la Iglesia por bautizada, que lo que sufre mi Madre me parte el alma, y más aún porque ALGUNOS de sus hijos más connotados han dado pie para estas persecusiones que, por generalizarlas los que en principio buscan esclarecer los hechos reales los están transformando en caza de brujas, apoyados por los que sólo lo hacen por odio a la Iglesia santa.

    Mi comentario es más bien un pensamiento en voz alta mientras lo pensaba. Perdón.

    Mucho ánimo para Felipe y para ti, rezaré por él (yo tengo un hijo sacerdote también) ¡Arriba los corazones! (Sursum corda!)

    Mejórate.

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  2. Deseo que se te pase ya el resfriado.
    Comprendo a tu amigo Felipe, pero ese pasaje del Evangelio nos da la medida de todo lo que pasa ahora, no hay nada nuevo.
    La iglesia cuenta con nuestro apoyo incondicional hecho oración y ejemplo, ahí no se puede fallar si contamos con la fortaleza de Dios. Lo nuestro es la debilidad, pero Él lo suple todo.

    Un beso de una madre de diez hijos

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  3. Bueno, pues el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Dios nos perdona hasta lo inmedible...no hemos de pactar con la mediocridad, de acuerdo, pero hemos de ser exigentes con mesura, tal vez si estiramos mucho la cuerda se rompa. Tal vez si Felipe cae dos o tres veces en el mismo error podrá comprender que en ocasiones no hace falta sólo buena voluntad y coraje para no caer, si no algo más. Sería muy largo para charlar, no hay tiempo.
    Que el Espíritu te siga iluminando, y ya sabes...más le hicieron al Maestro.

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