La realidad de un sueño
Había una vez, una pequeña muchacha que nació en Brasil. La pequeña, creció compartiendo cariño con las personas que tenía cerca. Con el paso de los años, comenzó a desarrollar una nueva habilidad que le robó el corazón: el espectáculo. En su juventud, formó parte de un grupo de baile que se destacaba por cultivar parte de las tradiciones de su país. Es por eso, que sus gustos musicales fueron orientados hacia el "axé"; un baile muy sexy y agitado, que se baila con ropa muy ceñida al cuerpo.
Pasaba el tiempo y la chica comenzó a sentir que tocaba techo. Por lo mismo, se esmeró en buscar nuevos horizontes para expandir su auspiciosa carrera artística.
Por tal motivo, junto a un grupo de amigos (todos con el sueño de triunfar), Amanda decide viajar a Chile para probar suerte en la televisión local. En aquellos años, la programación televisiva contemplaba un nuevo programa juvenil: "Mekano". Éste, era la competencia directa de otro programa que era transmitido en la misma franja horaria, pero en distinto canal obviamente, "Pase lo que pase". Fue en este espacio, donde emerge el movimiento axé en Chile pegando fuerte entre los jóvenes. Y sus coreografías, se convirtieron en el caballito de batalla para todos los eventos discotequeros. Amanda, formaba parte de una conocida agrupación brasileña y movía su figura al son de la música. Sin embargo, los comienzos fueron muy complicados para estos jóvenes bailarines foráneos. El país, en un comienzo, no les brindaba las oportunidades que ellos deseaban. Pasaron momentos de penurias, escasés de dinero, hambre, y necesidades varias. El sueño se ponía cuesta arriba más de la cuenta.
Pero la joven no daría su brazo a torcer y seguiría dando la pelea para ver su sueño hecho realidad. A la vez, Amanda comenzaba a tener la necesidad de cariño y afecto: amor. Lo buscó incesantemente por varios meses. Hasta que, siendo parte del elenco estable de un programa juvenil conoció a su primer "pololo" (llamamos así al novio en Chile). Comenzaba así un tiempo de armonía y paz en la vida de Amanda. Sin embargo, paulatinamente el amor comenzaba a mermar en intensidad. Los engaños, los eventos y la vida que implicaba ser estrella de televisión, le pasaba dolorosamente la cuenta a la relación. De este modo, nuevamente se quedó sola; pero contaba con la ayuda de sus amigas; mas ella deseaba amor.
Luego del éxito prematuro y fugaz vino el bajón. Los eventos disminuían. Encontrar trabajo se ponía cuesta arriba, esto, generado por el agotamiento del ritmo que pegó fuertemente en Chile y como toda cosa en el mundo actual, fue desechado. Siendo la vida así, dinámica, y teniendo el éxito que cualquier persona desearía ostentar vino la debacle. Pero el "anonimato" perduraría mucho tiempo. Gracias al llamado de una productora nacional, Amanda se uniría a un afamado Team veraniego que se paseaba por toda la costa central de Chile. Fue en uno de estos eventos, que conoció a su "nuevo" amor. A la joven, nuevamente le comenzaba a sonreir la vida. En propias declaraciones, ella transmitía que se sentía plena y feliz con su nueva pareja. Pese a esto, la relación no fructificó. A los pocos meses, Amanda nuevamente se quedaba soltera y sola. Se cuestionaba a cada instante qué hacía mal. En sus momentos de soledad, la muchacha le reclamaba a Dios el por qué de tanto sufrimiento. Pero no encontraba la respuesta.
Al poco tiempo, nuevamente apareció el amor en su vida. Un nuevo hombre le robaba el corazón y nuestra heroína caía rendida a sus pies Sus amigos más cercanos estaban muy felices por ver a su amiga salir del estado de tristeza que la envolvía. De paso, apoyaban la incipiente relación por tratarse él de un hombre con buenos sentimientos. Transcurrió así cierto tiempo de estabilidad. Pero la vida, una vez más, le diría otra cosa a la joven brasileña. Él, por motivos de trabajo debía emigrar a México. Amanda no entendía ese afán que tenía Dios por hacerla sufrir. De este modo, la mujer se quedaba sola de nuevo.
Con el paso de los días y meditando con la almohada (pues de Dios ella no encontraba respuesta), tomó la decisión de seguir a su amado. Amanda, se embarcaba así en una nueva aventura. Esta vez, decidida a quedarse con su amor. Llamadas por aquí y por allá, la joven se despedía de sus amigos y emigraba al país del norte. El corazón lo tenía dividido. Por un lado estaba sus amigos del alma que dejaba atrás en Santiago. Por el otro, su encuentro con el amor, que para ella, era el definitivo. Pero, por enésima vez, las cosas no resultarían como ella las había planeado o se las imaginaba. A su llegaba a la ciudad Azteca, Amanda se enteró de que su amor "de toda la vida" se encontraba comprometido con otra mujer. La desilusión fue horrible. La pena regresaba para ser su compañera de ruta. La familia que la acogía, no encontraba las palabras necesarias para levantar el ánimo de la joven. Pero un día, proveniente de un viaje, el hijo de los dueños de casa se hacía presente. Él la miró y se enamoró de inmediato. La joven no se percató de ello. El muchacho se acercó, le preguntó algunas cosas para indagar algo más sobre su vida y le extendió una invitación. "te invito a mi iglesia" -Le dijo con una sonrisa en el rostro-. Ella, sorprendida, ante la sugerencia poco usual que le extendía el joven accedió con gusto.
"Aún recuerdo ese día. Me paré frente a la puerta, entré con muchas dudas, pero sentí algo especial dentro de mí. Supe en ese preciso momento que se trataba de Dios. Era él. Comencé a ver las cosas con una claridad única. Muchas respuestas a las preguntas que hice anteriormente caían una tras de otra. Mi vida cambió. Comprendí que no era Dios el culpable de mis desgracias, sino yo. Eran mis malos actos los que determinaban mi propio sufrimiento. Él estuvo siempre junto a mí, y yo no me percataba. Sin embargo, hoy puedo decir que estoy por el camino correcto. He cambiado en todo sentido. Ya no bailo ni uso los trajes que usualmente se utilizaban en los eventos. Hoy trabajo en la clínica de mi suegra. Tengo un hombre maravilloso que me ama y que se esmera por hacerme feliz; no le puedo pedir más a la vida; a Dios, sobre todo a él que tanto me brinda", Amanda.
Hola, estimados amigos lectores. Cuando leí el reportaje de esta muchacha, lo primero que se me vino a la mente fue la inmensidad del amor de Dios. Mirar, por ejemplo, el modo en que nos acompaña y nos fortalece en los momentos de mayor dificultad. Incluso nos damos el gusto de no tomar en cuenta su acción. Por eso me animé a escribir sobre esto, porque la reflexión es muy profunda: ¿Estamos mirando la acción de Dios en nuestras vidas?
No dejemos pasar más tiempo. El Señor nos quiere felices, contentos, alegres. Nos quiere fuertes para combartir los momentos de aflicción y que seamos una mano amiga para las personas que se encuentran en un callejón sin salida. A cada uno de nosotros nos brinda amor, cariño, compañía y amistad; ¿Qué le brindamos nosotros?
Somos especialistas para hablar de la boca para afuera. Pero cómo cambia la vida cuando al hablar, lo hacemos desde el corazón. Desde lo más profundo de nuestro ser. Muchos decimos: "hay que abandonarse en los brazos de Dios", ¿Lo hacemos realmente?
El caso de Amanda es el fiel reflejo de esto, ese "abandonarse". El sufrimiento muchas veces llega porque no conseguimos las cosas que nosotros deseamos con todo el corazón, pero que no nos sirven para alcanzar a Dios. Seamos inteligentes y observemos el accionar de Dios en nuestras vidas. Les aseguro que se llevarán una grata sorpresa.
Francisco:
ResponderBorrar¿es la misma Amanda que conozco?¿la bailarina de Mekano?, ¡oooooh!. Impactante... todo sea para el bien suyo, por eso me alegro mucho. Y tienes mucha razón cuando dices que "dejarse llevar" es de la boca hacia afuera... tanto que nos cuesta confiar en el Señor.
Te dejo un abrazo, me encantó tu escrito está súper ¡saludos! :-)
Felicidades por este tu comentario....como nos habla Dios , verdad?...y que duros estamos de oido..muy bello el relato.
ResponderBorrarGracias por tus palabras y por seguirme...
Bendiciones!!!
Isabel.
Querido Francisco, dejas ver que escribes desde el corazón y con una gran convicción. Descubrir el amor de Dios en medio de las pruebas y el sufrimiento supone mucha integridad cristiana y sobre todo confianza en Aquél que todo lo conoce. Pues no cae un pelo de nuestra cabeza sin que Él lo sepa. A veces desde nuestra perspectiva nos sentimos solos, abandonados y débiles ante el dolor y lo que la vida nos depara. Creo que en esos momentos de oscuridad, lo mejor es invocar al Espíritu Santo, el Consolador y confiar en que está obrando. Sólo el Espíritu puede borrar nuestras angustias y trocarlas en felicidad y alegría y hacer de nosotros hombres y mujeres nuevas. Capaces de proclamar lo que Él a hecho en nosotros.
ResponderBorrarUn abrazo en Jesús, bendiciones
Hola Francisco: Muy linda historia, la verdad me impactó mucho.
ResponderBorrarTu forma de escribir me vuelve a conmover y llega en el momento justo, con esto me doy cuenta que Dios está conmigo...gracias por recordarmelo en el momento justo.
Un abrazo grande