La mediocridad



Cuando me enfrento a ciertas situaciones de la vida cotidiana, siempre realizo una reflexión personal al finalizar el día. Dentro del mundo ya no me sorprende encontrar irracionalidades del porte de un buque. Pero cuando se derriba la barrera que separa el "mundo civil" con el "mundo espiritual", es donde últimamente he colapsado. Lo asumo, no soy tolerante. ¿Pero cómo puedo ser tolerante ante lo que encuentro incorrecto? Es la problemática que presento por estos días.

Hoy, quiero compartir con ustedes una reflexión personal que trata sobre la mediocridad que presenta el ser humano. Aclaro, que esto lo realizo compartiendo un pensamiento libre, de un laico católico; descartando de paso, cualquier relevancia profesional del tema planteado.

Para escribir acerca de lo que pienso sobre la mediocridad en sí, podría elaborar un breve ensayo. No es la idea en esta ocasión. Como siempre, mi intención es ayudar a la reflexión personal, y dejar en claro, que todos compartimos los mismos deseos, las mismas falencias, las mismas interrogantes, las mismas inquietudes, los mismos gustos. Nuestros objetivos están en perfecta comunión con las ambiciones personales; y el modo en que logramos conseguirlas. En este sentido, a muchas personas nos enseñan "La Ley del mínimo esfuerzo" como herramienta útil para conseguir nuestros deseos. A mi parecer, los encargados de enseñar el modo correcto de adquirir las cosas, son nuestros padres. De ellos aprendemos muchas de las conductas que nos mueven en la actualidad: valores, hábitos, modo de hablar, el modo en que nos vestimos, los gustos, en fin. Por lo tanto, no pueden eludir su responsabilidad en el fracaso de la educación, si el hijo no sabe utilizar las distintas herramientas con las que cuenta para enfrentar la vida; al mundo, al resto de los hombres.

Recuerdo que durante los años que asistí al colegio, muchos de mis compañeros apoyaban la posición de la mayoría del curso en no estudiar, porque (razonaban ellos), el día de mañana no utilizarían nada de los temas vistos en clases. Primer gran error. Fresco en mi mente se mantiene el recuerdo y las burlas que marcaron mi infancia por cumplir con mis obligaciones. Así es, me enjuiciaban por "hacer las cosas bien". Por consiguiente, ser mediocre era la regla de oro para pertenecer al grupo de amistades.

Pasó el tiempo, y como era de esperar, me contagié del "espíritu" estudiantil. Mis calificaciones bajaron considerablemente, peligrando incluso, reprobar un par de años académicos. Afortunadamente, siempre pude zafar de manera óptima; hoy siento que no merecí aprobar un año en especial: el segundo medio. Pero mi desempeño como estudiante me pasaría la cuenta un par de años más adelante. Cuando llegó el momento de rendir la Prueba de Aptitud Académica (PAA), mi puntaje fue pésimo. No me alcanzó para la carrera que yo deseaba estudiar; es más, hoy les puedo decir que ni siquiera tenía claro cuál era. Aquel día que rendí el examen, gran parte de los compañeros fracasó; solamente, por no aprovechar los contenidos escolares de años anteriores, y por no estudiar de manera eficiente para la prueba. Obviamente, me incluyo en el listado.

Era hijo de una sociedad en que sólo unos pocos cuestionaban su actuar. Una sociedad, en que hablar sobre temas que son "densos" (complicados), es pasar a ser un personaje "latero" (fome) y poco interesante. Por lo tanto, el mensaje implícito es: "quédate ignorante mejor".

Hace cinco años, aproximadamente, encontré respuesta a estas incoherencias del ser humano. No me di cuenta que durante muchos años de mi vida, Dios caminaba junto a mí. Recurrí a él en varias ocasiones; pensé que no me oía. Sin embargo, el problema lo presentaba yo, que no entendía "el poder" del mensaje. En definitiva, era uno de tantos que "miraba, pero no veía".

El día que veas a Dios directamente a los ojos, ese será el día en que todo lo viejo (lo vivido) será parte del pasado. Comenzarás a ver la vida desde una perspectiva totalmente diferente. Darás sentido a las cosas que antes no lo presentaban. Te encontrarás cara a cara con la vida. Una de tantas invitaciones que Dios te hace, está plasmada en el siguiente texto:

"No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos" (Mt. 5, 17-19).

¿Tenemos el corazón dispuesto al mensaje? Encuentro lamentable encontrar personas que son mediocres, y no hacen su trabajo bien (no desean ser perfectos como el Padre es perfecto), justifican sus fallas (falta de humildad), y defienden lo indefendible (mienten para lograr sus propósitos). ¿Acaso no hacen esto las personas "del mundo"? ¿Qué pasa con el cristiano que vive con actitudes mundanas? ¿A quién le vuelves el corazón: a Dios o al mundo?

Haz tus actividades de modo íntegro, para que, de ese modo, tu actuar sea intachable. Necesitamos coherencia entre lo que profesamos y hacemos. De lo contrario, no estamos haciendo la voluntad del Padre, sino, lo que "el mundo" pide: mediocridad. Eso sí, Dios siempre te está esperando con los brazos abiertos para levantarte si has caído.


Comentarios

  1. Fran:

    Tremendo palo... me llegó a doler. Me sentí completamente identificada cuando hablas de la mediocridad en el estudio. En general, somos así porque es más sencillo. Me gustó eso de la Ley del mínimo esfuerzo; vaya que es verdad. En resumen, me gustó nuevamente tu escrito, es muy contemporáneo y tiene una visión actual... me agrada tu estilo de escritura, felicitaciones.

    Sigue pensando de esa manera. Yo trataré de poner en práctica el no ser tan mediocre :-D

    Abrazos!!

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  2. Felicitaciones:
    Por tus razonamientos

    Bueno no eres el unico que un momento de su vida no sabia para donde iba la micro a muchos nos ha pasado creo que es normal y luego se enriela la cosa y los objetivos se logran.

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  3. Hola, Francisco Javier. En una primera lectura, algo apresurada, yo añadiría a tus citas la del joven rico: ¿qué he de hacer para salvarme?; cumple con la Ley; qué bien, eso ya lo hago; haz algo más, no sólo lo obligatorio; y el joven se fue triste. Pues igual nosotros: si ya cumplo la Ley (Misa dominical, sexto y noveno mandamientos, ayuno y abstinencia en Cuaresma) ¿para qué hacer más, por qué huir de la mediocridad?

    Me hizo gracia lo del examen final que todo el mundo suspendió. Si vivieras en España, en vez de en Chile, todo el mundo habría aprobado con buena nota, porque no se va a frustrar la carrera de la gente joven sólo por no haber estudiado.

    A ver si leo el post con más calma.

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  4. "Necesitamos coherencia entre lo que profesamos y hacemos".
    Muy buena la entrada, me quedo con la frase transcrita. Realmente sobra mediocridad en la vida, pero, gracias a Dios, hay gente que se da cuenta y este es el primer paso para salir de ello.
    Está claro que tú no eres nada de eso, se te lee muy buena gente. Dale gracias a Dios y en la medida de lo posible colabora para que los otros se den cuenta de su mediocridad y retomen el vuelo hacia el ser verdaderamente humanos.
    María

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  5. "Necesitamos coherencia entre lo que profesamos y hacemos".
    Muy buena la entrada, me quedo con la frase transcrita. Realmente sobra mediocridad en la vida, pero, gracias a Dios, hay gente que se da cuenta y este es el primer paso para salir de ello.
    Está claro que tú no eres nada de eso, se te lee muy buena gente. Dale gracias a Dios y en la medida de lo posible colabora para que los otros se den cuenta de su mediocridad y retomen el vuelo hacia el ser verdaderamente humanos.
    María

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  6. Mediocridad... rodeados estamos de ella... pero depende de cada uno no contagiarse y no convertirse en un conformista y no luchar por ser el mejor que lo que se hace, y sobretodo en lo que se ama.

    Ánimo... se vienen peores.

    Abrazotes

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  7. Hola Kenson:
    Te confieso que este post es en mi concepto el mejor que has escrito... recoge toda una vida, un pasado de vicios adquiridos por la influenciable sociedad...
    eso de que sino eres mediocre ya eres parate del circulo de amistades es un hecho en el monton de los hombres materia(aquellos que solo ocupan un lugar en el espacio y ya)... y sé que todos hemos sido parte de ello, porque es un escalon de la convivencia en ciertos lugares..
    Ser consecuente con lo que se dice y se hace debe ser la bandera del cristiano para eso llamado testimonio, y cartas leidas y todo lo que pide el apostol Paulo...
    peinso que para serlo debe existir una comunión permanente con Dios, en oración, en lectura de la palabra, icluso en ayunos que que fortalezcan el espiritu, porque la dispocisión está pero la carne es debil...
    por lo demás ser honestos con nosotros mismos potuqe a Dios no se le puede engañar... ser honestos, honestos, honestos con todo y nuestras debulidades, ser claros con Dios y disponerse para renovar o transformar en bendición aquello que os aparta de Dios.
    en este listado leí que en españa nadie pierde sus estudios, y de corazón pues como ese hombre considero que no se debe frustrar la carrera y deseos de alguien joven que ya por lo menos tiene claridad de hacer una profesión...
    sin que eso justifique el hecho de aprobar mediocres felices... Dios te bendiga... un abrazo desde mi blog...

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  8. Y como es difícil para quienes deciden vivir con pasión, entregarse sin medida, buscar sin esperar, dar como si fuera un regalo, soñar y correr al mismo tiempo, llorar y reir como si no hubiera más, compartir, arriesgar, seguir, empujar.
    Como entenderlos.
    Pero que valioso este escrito, que siembra la duda "hermosa" de decir, seré yo asi,,, mediocre??? y luego cambiar.
    Visitame, me intersan tus opiniones.
    Te sigo.

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