La Angustia

¿Quién no sufre de angustia en estos tiempos? Muchas personas, ¿Verdad?. Depresiones, mal genios, malos ratos, intranquilidad, son parte de nuestro diario vivir. En el mundo de hoy cuesta trabajo entender ciertas actitudes de los seres humanos. Cosas como el abandono de una madre sobre su pequeño hijo. La eutanasia que afecta a una paciente en coma, esto en Italia. En Chile, la angustia de la familia Cruzat, que están a la espera de un donante para su pequeño hijo de sólo once años, corazón que le pueda prolongar la vida. El sufrimiento humano está a la vuelta de la esquina. Que decepcionado se encontraría Jesús si nuevamente estuviera entre nosotros de modo manifiesto; como a tanta gente le gusta: de modo material. Aunque, los cristianos sabemos que Jesús vive en nosotros, y nuestros actos (si es que abrimos nuestro corazón) son inspiración divina.
Anoche pensaba en todo el sufrimiento humano. Y, con todo lo que he vivido este último tiempo, me llama poderosamente la atención, que muchas personas "le echen pa'delante" como si la vida no tuviera vuelco. Cuando, si aplicamos la metodología del amor, cada día sería una novedad, una nueva alegría, una nueva motivación; por eso a Jesús le decían: "tú, que haces nuevas todas las cosas".
Pero la angustia es un mal que tenemos inherente en nosotros. Una de las tantas cosas que no tenemos consciencia, es que a nosotros los humanos todo, pero absolutamente todo, nos aburre. Además, que junto a esto, nuestra mente es negativa y siempre verá las cosas color negro, nos hacen vivir siempre preocupados de algo, o de alguien. Muchos esposos se cuestionan el hecho haberse casado luego de cierto tiempo, "se nos murió el amor", es la principal excusa de muchos. Qué vergüenza la falta de recursos, y el egoísmo que existe para llegar a la separación. Pero, así como hay matrimonios que se terminan, muchos continúan con la vida. Llega marzo, y las obligaciones nos agobian: matrículas, uniforme escolar, cuentas, el gasto de las vacaciones, etc. Absurdamente, esto lo repetimos año tras año. Y la lista puede alargarse mucho más. Pero, ¿Para qué seguir con más angustia?
Amigos, la angustia que tenemos dentro nuestro es algo que no lograremos erradicar jamás de nuestra mente. Simplemente, existe como parte de la vida misma. Por lo tanto, debemos aprender a convivir con este sentimiento que muchas veces, nos detiene; nos paraliza para seguir avanzando. El problema existencial nos atañe a todos. La pregunta: ¿Para qué estoy hecho? Es un asunto que cuesta trabajo dilucidar. Lo favorable es, que mientras más apegados a la fe nos encontremos, podremos entender nuestras vidas. La confesión y compartir con sacerdotes al menos algunas horas del día, nos aclarará bastante el camino para comprendernos, y así, comprender el actuar del resto de las personas; que sin Dios, simplemente, vela por intereses personales.
Cuando te vengan sentimientos de angustia, pregúntate: ¿A cuántas personas les sucede lo mismo? Y la respuesta ya la tienes: a TODOS. Cambia el modo de pensar, lee, mira televisión, escucha música; trabaja tu mente. Piensa en una oración. Acuérdate de todo lo que Dios te ha brindado (que siempre es muy bueno). No dejes que te la gane ese sentimiento de abatimiento, siempre se puede salir de situaciones adversas, con razón, perseverancia, pero por sobre todo, con amor por quienes nos rodean.
Una vez un sacerdote me expuso un ejercicio que les quiero compartir. Ante un crucifijo, arrodíllense. Y mirando fijamente a Jesús, díganle: "Jesús, tú todo eso por mí, y yo por ti, nada...". Aprendamos a disfrutar lo simple de cada día, no esperemos cosas impresionantes, porque la vida está hecha de cosas sencillas para disfrutar. De nosotros depende la calidad de vida que deseamos obtener, pero también, la predisposición con que vivimos cada día.
Anoche pensaba en todo el sufrimiento humano. Y, con todo lo que he vivido este último tiempo, me llama poderosamente la atención, que muchas personas "le echen pa'delante" como si la vida no tuviera vuelco. Cuando, si aplicamos la metodología del amor, cada día sería una novedad, una nueva alegría, una nueva motivación; por eso a Jesús le decían: "tú, que haces nuevas todas las cosas".
Pero la angustia es un mal que tenemos inherente en nosotros. Una de las tantas cosas que no tenemos consciencia, es que a nosotros los humanos todo, pero absolutamente todo, nos aburre. Además, que junto a esto, nuestra mente es negativa y siempre verá las cosas color negro, nos hacen vivir siempre preocupados de algo, o de alguien. Muchos esposos se cuestionan el hecho haberse casado luego de cierto tiempo, "se nos murió el amor", es la principal excusa de muchos. Qué vergüenza la falta de recursos, y el egoísmo que existe para llegar a la separación. Pero, así como hay matrimonios que se terminan, muchos continúan con la vida. Llega marzo, y las obligaciones nos agobian: matrículas, uniforme escolar, cuentas, el gasto de las vacaciones, etc. Absurdamente, esto lo repetimos año tras año. Y la lista puede alargarse mucho más. Pero, ¿Para qué seguir con más angustia?
Amigos, la angustia que tenemos dentro nuestro es algo que no lograremos erradicar jamás de nuestra mente. Simplemente, existe como parte de la vida misma. Por lo tanto, debemos aprender a convivir con este sentimiento que muchas veces, nos detiene; nos paraliza para seguir avanzando. El problema existencial nos atañe a todos. La pregunta: ¿Para qué estoy hecho? Es un asunto que cuesta trabajo dilucidar. Lo favorable es, que mientras más apegados a la fe nos encontremos, podremos entender nuestras vidas. La confesión y compartir con sacerdotes al menos algunas horas del día, nos aclarará bastante el camino para comprendernos, y así, comprender el actuar del resto de las personas; que sin Dios, simplemente, vela por intereses personales.
Cuando te vengan sentimientos de angustia, pregúntate: ¿A cuántas personas les sucede lo mismo? Y la respuesta ya la tienes: a TODOS. Cambia el modo de pensar, lee, mira televisión, escucha música; trabaja tu mente. Piensa en una oración. Acuérdate de todo lo que Dios te ha brindado (que siempre es muy bueno). No dejes que te la gane ese sentimiento de abatimiento, siempre se puede salir de situaciones adversas, con razón, perseverancia, pero por sobre todo, con amor por quienes nos rodean.
Una vez un sacerdote me expuso un ejercicio que les quiero compartir. Ante un crucifijo, arrodíllense. Y mirando fijamente a Jesús, díganle: "Jesús, tú todo eso por mí, y yo por ti, nada...". Aprendamos a disfrutar lo simple de cada día, no esperemos cosas impresionantes, porque la vida está hecha de cosas sencillas para disfrutar. De nosotros depende la calidad de vida que deseamos obtener, pero también, la predisposición con que vivimos cada día.
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