¿Cómo vives tu fe?
Se han fijado que muchas veces nos vemos enfrentados ante la pregunta: ¿Qué es la fe? Y no es fácil la respuesta; al menos, para la gran mayoría de las personas. Pues, la fe es parte del amor, y como tal, hay que hacerla crecer diariamente. Para este efecto disponemos de algunas herramientas que nos permiten acrecentar nuestra fe: la Biblia, la Misa, la confesión, Retiros Espirituales; son algunos de los elementos que nos fortifican. Muchos creerán que estas cosas que acabo de nombran están reservadas para las personas que son, precisamente, de fe: sacerdotes, hermanas, monjas, seminaristas, etc. Pero no es tan así. Dichos elementos pertenecen al quehacer cotidiano de estos seres humanos que consagran su vida a Dios, o sea, al amor. Es por tal motivo que se consagran, para ser ejemplo de vida para muchos de nosotros; y también, como en el caso de los sacerdotes, ser portadores de la voz de Jesús; hacer “vida” el mensaje. Sin caer claro, en institucionalizar la religión; comprendiendo que todos somos humanos, y como tales, imperfectos; entonces, nos podemos caer muchas veces.
Vemos la grandeza de Dios y su inmenso amor, mirando nuestra libertad para escoger qué queremos hacer con nuestras vidas; pero, ojo, terminado nuestro tiempo, necesariamente debemos rendir cuentas de todo lo que hemos optado; sea esto, bueno o malo. Por lo tanto, la reflexión que yo alguna vez hice, y que los invito a compartir, es saber de qué modo estamos viviendo nuestra vida.
Ya en el artículo anterior les invitaba a razonar a qué le dedicamos atención. Hoy vamos un poco más allá. Fijándonos en el modo en que vivimos nuestra fe. El católico, desde que se bautiza, pasa a ser parte de la iglesia. Junto a esto, portador de la “luz” que nos permite ver la realidad de nuestra vida. Lo que a muchas personas hace falta, y que desconocen. Un paréntesis, no sé si leyeron el Evangelio de hoy. Precisamente, habla de este punto. Acá un fragmento: “Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: ‘sígueme’. Él se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los Fariseos, al ver que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: ‘¿Por qué come con publicanos y pecadores?’. Jesús, que había oído, les dijo: ‘no son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores’ (Mc. 2,13-17)”.
Retomando, el mensaje del Evangelio es claro: “llamar a los pecadores”. Entonces, si nosotros sabemos (sea cuál sea el origen de nuestra fe) lo que es bueno y malo, ¿Hacemos realmente lo que nos corresponde como cristianos?
Como dije, hemos recibido la fe a través del bautismo. De los padres depende hacer crecer la fe en el hijo(a). Más grandecitos, luego de la confirmación, somos nosotros mismos los encargados de mantenernos por el buen camino y fortificar nuestra fe. ¿Nos unimos a personas que comparten nuestros valores? ¿Vemos en televisión programas que nos ayuden en esta tarea? Claramente, el mundo anda pendiente de sus cosas; estamos solos en esta tarea. Seamos consecuentes entonces con la fe que hemos adquirido y que decimos profesar. Nos cuesta tanto. Acostumbro siempre “tirar” mensajitos y comentarios en blogs o foros de opinión. ¿Qué gano? No, la respuesta no va para mí; va dirigida a la persona que capta el mensaje. Pues, debemos entender que Dios actúa a través de las personas. Si una persona capta el mensaje, es Dios quién ha inundado su corazón de amor. El buen trato, el respeto, el cariño; o simplemente, la buena onda. Son parte fundamental para relacionarnos de buena manera.
Les invito entonces, queridos lectores, a vivir nuestra fe. Haciendo cosas, no por los demás, sino, por nosotros. Por nuestra felicidad, y nuestro bienestar. El resto, llegará por añadidura.
Francisco Javier:
ResponderBorrarComparto contigo acerca de lo difícil que es para un católico la vida en este mundo. Pero, sería totalmente diferente, si los padres enseñaran los valores necesarios desde pequeños; como diría un amigo: "otro gallo cantaría".
Saludos para ti, excelentes líneas. Muchas gracias.
Ser alguien bueno es dificil , ser tetimonio de Cristo es aun mas dificil , pero que honor que tenemos!!...ser apostoles , vivir lo cotidiano como algo extraordinario, con toda alegria, sin cansarnos de sonreir, nuestro apostolado lo exige , y como negarnos?!!... como diria la Ma.Teresa de Calcuta, "pequeñas cosas con gran amor" .
ResponderBorrarA SER SANTOS!!
Slds, gracias x lo q escribes.
Estimados Mili y Felipe:
ResponderBorrarAgradezco sus comentarios. Agradezco que lean mis líneas. Pero más me alegra, poder compartir el sentimiento del amor; o sea, Dios mismo que se refleja en las líneas escritas.
Un abrazo para ambos y muchas bendiciones. Gracias.