“Año Nuevo, vida nueva…”
Recuerdo estas palabras (“Año Nuevo, vida nueva”) por un tío que las pronunció hace bastante tiempo. Inmediatamente después, anunció que se casaba y dejaba la casa de mis abuelos para construir un nuevo hogar en compañía de su futura esposa. Entre la emoción y la alegría, fue otro motivo para celebrar el término de un año para dar comienzo a una nueva etapa.
Algo así quiero expresar hoy. Me considero cristiano y, por lo mismo, todo lo que sucede en mi vida lo atribuyo a la presencia de Cristo que me guía. Afortunadamente, Dios me ha brindado infinitas alegrías este año 2013: laboralmente, tuve oportunidad de emigrar a un Colegio donde pude ganar un excelente salario. Sin embargo, problemáticas externas me llevaron a tomar la radical decisión de renunciar y buscar nuevos horizontes una vez finalizado el Primer Semestre. Por fortuna, Dios también ha puesto en mi vida muy buenas personas que me han apoyado en los momentos en que más he requerido su ayuda. Así, tuve la chance de regresar y trabajar en la institución a la cual tengo un aprecio único, entre otras cosas, porque fue la misma institución que me educó en mis primeros años de Enseñanza Básica. A la vez, un profesor amigo me pasó el dato de otro trabajo en el sector municipal. Me contacté con su amiga (encargada de UTP), y así, se gestó mi primera experiencia educativa en el sector también llamado “público”. Obviamente, contemplando todos los pormenores que tiene el desempeño docente en establecimientos de esta índole.
En el plano personal, Dios me obsequió compartir mi vida con una mujer maravillosa. Casarme con ella fue lo mejor que me pudo suceder. En la actualidad, puedo decir que soy muy feliz. Nació nuestro primer hijo y nos proyectamos a tener, al menos, uno más. Idealmente, pensamos en tres… Dios dirá.
La vida de casado es muy dinámica, a veces estás muy bien otras no tanto, pero de eso se trata. De todos modos, el balance siempre es positivo. Si un día se acerca un reportero y me pregunta si recomiendo el matrimonio, le respondería a ojos cerrados: “De todas maneras”.
Navidad fue el último impulso que necesitaba mi estabilidad emocional. Celebrar la primera “natividad” en compañía de nuestro pequeño hijo es algo indescriptible. El resto del mundo, da absolutamente lo mismo. Por la edad, tampoco esperas recibir muchos regalos. Ahora te toca hacerlos… Comprendes que la festividad está orientada a los más pequeños de la casa, pero, lamentablemente, hemos ido perdiendo la verdadera esencia de la fiesta: Jesús.
Las proyecciones laborales para el año venidero son excelentes. Siempre con la esperanza puesta en Dios, deseo que sea un año positivo, lleno de satisfacciones personales y familiares… Ojalá que el balance en diciembre de 2014 no diga lo contrario.
La vida familiar es nueva para mí. Es emocionante ver las cosas maravillosas que uno comienza a vivir. En la actualidad, si quiero algo debo consultarlo con mi señora; ante todo, debemos anteponer lo mejor para la familia. Debes tomar mayor responsabilidad en tus acciones; sobre todo, pensando en la vida: la precaución es mayor. Es increíble vivir las cosas simples, porque, una sonrisa de mi pequeño hijo cambia todo mi día y una alegría increíble invade todo mi existir.
Ignoro cuantas personas leen estas líneas. Reciban de mi parte los mejores deseos de éxito para el año 2014. Espero en Dios que puedan realizar el máximo de sus metas y desafíos personales.
Con fe, todo es posible.
Que el impulso de Navidad nos brinde la ocasión de cambiar nuestra perspectiva y decir: “Año Nuevo, vida nueva…”
¡Felicidades! (Disfruten a sus seres queridos).
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