Orar hasta que duela
"Dar hasta que duela", eran algunas de las palabras en las que se apoyaba el Padre Alberto Hurtado para predicar el mensaje de Jesús. Sin embargo, deseo invitarles a modificar levemente el sentido de esta frase, por: "Orar hasta que duela".
Me motivé para escribir sobre la oración una vez leído el Evangelio de este día, correspondiente a Lucas 18, 1-8: La viuda "molestosa".
La oración a Dios es tremendamente importante para mantener unión con el ser trascendente. Acompañada y apoyada a su vez por la fe, la oración es necesaria para no caer en el alejamiento de Dios. El ser humano, como ser social, debe formar lazos de amistad, cariño, comprensión, solidaridad, apoyo, y, principalmente, amor. Si somos capaces de hablar con la persona que tenemos cerca, de abrir nuestro corazón, nuestra alma rebosa de alegría y tranquilidad; de paz. Desde mi punto de vista, el sentido de la vida está en alcanzar la felicidad. Sólo esperando en Dios, amando al prójimo como a uno mismo, lograremos alcanzar una estabilidad emocional que nos permita sortear los obstáculos de la vida sin mayor inconveniente.
Cada uno de nosotros dedica mucho tiempo a los amigos, a los hermanos, los papás, la familia y, por qué no decirlo, a los compañeros de trabajo con cada evento que se organiza para compartir. Pero, ¿cuánto tiempo dedicamos a Dios?; ¿en qué momento hablamos con Él? ¿O somos como esas personas que acuden a solicitar su ayuda cuando están aquejadas de algún mal?
Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: "¡Hazme justicia contra mi adversario!" Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme."» Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?» (Lucas 18, 1-8).
Hemos sido (y somos) testigos de cómo el mundo está cada vez más alejado de Dios. La secularización que han sufrido las sociedades, ha mermado considerablemente la búsqueda -por parte del ser humano- de ese ser trascendente. Cuando el Padre Hurtado nos recomendaba dar hasta que duela, lo hacía pensando en dar esas cosas a las que estamos más apegados. La invitación, en este sentido, es a dar lo que nos impide recordar que la vida es mucho más simple de lo que creemos. No basta con dar pertenencias materiales. Cuando nos toque dar, lo debemos hacer desde lo más profundo de nuestro corazón, con cariño, con ganas, con la esperanza de hacer feliz al otro. En cuanto a la oración, es la misma línea de reflexión: Orar hasta que duela, como he titulado esta columna, es despojarnos de esos tiempos que tenemos considerados para nosotros, pensando en mirar la televisión o qué sé yo... Es destinar un momento a nosotros mismos, para recapacitar si hemos hecho algún mal y modificar nuestro actuar. También podemos aprovechar de pedir por algo que nos haga falta, ¿por qué no? Si el mismo Jesús nos invita a esto... "Pida, pidan con fervor".
Si queremos actuar bien, necesariamente, debemos mantener comunicación con la inspiración del actuar bien: Dios. ¿Cómo llegamos al Padre?: A través del Hijo; ¿Qué nos enseña el Hijo?: Cómo llegar al Padre... Precisamente, en la oración, está depositada una de las mejores maneras de estar en comunión con el Padre.
Dios nos da mucho; y siempre está disponible para nosotros. ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo dedicarle algunos minutos de nuestras vidas?

Resulta dificil ejercitarse en la oración en un mundo que no hace silencio para nada. Sin embargo, sólo el intentarlo es ya orar con fe.
ResponderBorrarHola, muchas gracias por tus palabras en mi Blog! que rico saber cuando a la gente le gusta lo que escribo.
ResponderBorrarYo todas las noches practico el ejercicio de orar, a veces también en el día. Le pido por todos... creo que hace falta.
Saludos! :D