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Hace días quería escribir sobre esto, pero no contaba con el tiempo necesario como para sentarme a ordenar lo que siento y pienso sobre la acción de compartir. Sin embargo, estos días alejado de la escritura, me permitió cargar mi mente de nuevas ideas que ayudarán, en gran medida, a la confección de este escrito. Me hice muchas preguntas, pero, una de ellas, fue: ¿Por qué compartimos? Asimismo, ¿qué compartimos? Veré si puedo expresar mis ideas al respecto, mediante el siguiente escrito.

Debo comenzar, explicando que yo no soy una persona que le encante la idea de compartir cosas íntimas, pensamientos, preocupaciones, malestares, penas, y todas esas cosas que, frecuentemente, escuchamos de las personas que nos rodean. Más bien, me considero una persona muy buena para oír lo que otros tienen para decir o compartir; o que necesitan exteriorizar para “desahogarse”. Digamos que, debo conocer un poco más en profundidad al otro para tener la confianza de contarle algo mío.

Luego de responder la primera pregunta que me hice, llegué a la conclusión, de que las personas compartimos nuestros intereses porque somos seres hechos para ello (como diría un buen libro de Psicología: “Somos seres sociales”). Tal vez, esta sea la primera manifestación del acto de compartir. Los seres humanos, como tales, sentimos la necesidad de expresar ideas, pensamientos, penas y alegrías, por decir algunas cosas. Sin embargo, esto no se da con cualquier persona. Cuando uno comparte algo personal, lo hace con personas que experimentaron o experimentan lo que estoy sintiendo en ese momento. En este sentido, considero que las personas comparten, cuando tienen intereses en común. Por ejemplo, hace un tiempo que junto a otros amigos, nos reunimos en Santa Laura (Estadio donde hace de local la Unión Española) para mirar los partidos y conversar sobre el mismo. Claramente, el mismo interés (“Unión Española”), es lo que permite que cuatro personas totalmente distintas, se reúnan a compartir parte de sus vidas. Inmediatamente, me hago otra pregunta: ¿nos habríamos conocido sin tener el mismo interés?

(Caigo en la cuenta de que este escrito lo estoy centrando en la cuestión más ideológica de compartir. Eso sí, aclaro que este escrito no es una conclusión científica ni nada por el estilo. Sólo se trata de la necesidad de compartir con ustedes algunas conclusiones personales).

Pero, el acto de compartir, no se limita sólo a expresar algo en una conversación. Del acto, pasamos a la acción. También podemos compartir una taza de café, una película, o bien, un partido de fútbol. Sin embargo, el denominador común, son los intereses. Una de las cosas que nos impulsa a compartir, es sentir la confianza de que estamos “hablando el mismo idioma”, sentirnos escuchados y entendidos. Sobre esto podríamos debatir un largo rato.

Ahora bien, pasando a lo espiritual, muchas personas se sientan a compartir con otras, siempre y cuando, el interés sobre un determinado tema sea el mismo. Pero, ¿qué sucede cuando la otra persona te habla de algo que a ti no te interesa?

Mis queridos amigos/as, el acto de compartir va mucho más allá de tener intereses en común. Quizá, lo más gratificante que esto conlleva, es oír al otro y proporcionarle felicidad, escuchándolo y poniéndose en su lugar. Todos tenemos problemas, penas y alegrías. Todos tenemos la necesidad de compartir algo. Sin embargo, durante estos últimos años, para mí, adquiere mayor importancia, el hecho de compartir los intereses de las otras personas; dejando de lado los propios.

Para reflexionar, ¿verdad? Incluso, nosotros mismos, como cristianos, estamos ahí, siempre que algo nos interese. Si no, simplemente, nos hacemos los desentendidos y nos ocupamos de encontrar algo que nos motive a movernos.

Comentarios

  1. Compartir: Partir nuestros bienes para disfrutarlos con los demás.
    Saber entregar lo mejor que tenemos, lo mas valioso, lo que mas amamos, a nuestros hermanos.
    Nuestro tiempo, nuestras vivencias, nuestro libros, nuestro saber, nuestra ropa, nuestro hogar, nuestro trabajo, nuestra música....
    Saber"com - partir"
    Y como bien dices, darnos pensando en la necesidad del otro, sin miramientos, sin pensar en nuestro intereses...
    Ese es el gran reto de los que nos llamamos cristianos, seguidores de nuestro Cristo.

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  2. Todos hemos experimentado en ocasiones la alegría de dar. Siempre esa acción hace que nuestro interior sienta el gozo de ofrecer algo. ¡Nos sentimos útiles, y nos alegra el que los demás puedan recibir, descubriendo su gozo en ello!
    Compartir las penas y alegrías es ayudarnos a no sentirnos estraños ni raros, a comprobar que todos estamos hechos del mismo barro y que unos a otros podemos ayudarnos a no rompernos tan fácilmente.
    Gracias por compartir esta gran entrada. Un abrazo

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  3. Compartir distintos intereses es gratificante en la medida de que le damos al otro nuestra oreja, nos acercamos más al otro, podemos comprenderlo más y aprendemos, conocemos algo que quizás es nuevo y por tdo crecemos.

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  4. No mirar para otro lado es fundamental cuando se quiere hacer el bien. Interesante reflexión. Un saludo!

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  5. Interesante blog! =)
    A veces el compartir está subvalorado. Yo disfruto el compatir un trago, un café o un cigarro. También tener la confianza de alguien para que me comparta sus penas y sus alegrias. También me agrada que saber que hay personas a las que les agrada que les comparta las mías. Más allá de los intereses coincidentes que son, al final de cuentas, los que hacen que estemos más cerca de algunos que de otros y por ende compartir esas cosas con ellos; es dificil lograr interés en aquellos que nos es extraño como para poder compartir sobre ello... bueno, así es la vida...
    Saludos!

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