Un lugar al otro lado del siglo XXI

Isla Mocha

No sé por qué llegué a pensar en estas cosas. Sólo sé, que en un ataque de “raconto”, mis recuerdos me llevaron hasta la Isla Mocha.

Situada a 34 kilómetros del continente, en la Provincia de Arauco, frente a las costas de Tirúa, la isla, depende administrativamente de la comuna de Lebu. Para llegar a este paradisíaco lugar, es posible de dos maneras: en avioneta, desde el aeródromo, o bien, en lancha, desde el muelle; ubicado en el río Tirúa. La avioneta realiza vuelos diarios a la isla. Por el contrario, las lanchas, zarpan dependiendo de la marea y el clima.

He tenido la posibilidad de visitar “la Mocha” en dos ocasiones. Desconocida para mí, el lugar me sorprende por la increíble paz que te brinda. Los lugareños (unas 800 personas), son unas personas muy amorosas; sobre todo, si escoges su casa para hospedarte. En la actualidad, Isla Mocha cuenta con un hotel (del cual no les comentaré mucho, porque desconozco sus dimensiones y capacidad), y las cabañas de un empresario local; quien cuenta con avioneta propia. Junto a estos lugares, algunos pobladores ofrecen alojamiento por módicos precios; si alguna vez viajan hasta aquí, pregunten por Don Omar, en el centro. Es curioso, jamás supe por qué los isleños denominaban centro, al conjunto de casas que les construyó el Gobierno a través del subsidio. Sin embargo, es de vital importancia conocer saber dónde está ubicado el centro, porque es aquí, donde se encuentra, entre otras cosas, la posta rural de la isla, el retén de Carabineros (Policía chilena), la Parroquia (cerrada gran parte del tiempo, por no decir, siempre) y la Administración de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), quienes se encargan del cuidado y conservación de esta Reserva Nacional; aquí pueden conseguir información sobre las zonas que puedes visitar.

¿Por qué titulé este escrito, “Un lugar al otro lado del siglo XXI”?

Como buen hombre de ciudad, apenas llegué a la isla sufrí las consecuencias del cambio. Bajé de la avioneta y nadie me esperaba. Junto a mí, tres personas pisaron tierra firme. Pero ellos eran dueños de casa. Crucé la pista de aterrizaje boquiabierto ante lo que estaba viendo. La brisa marina acariciaba mi rostro, y mis ojos intentaban encontrar el horizonte, pero nada. Distintos aromas llegaban a mi nariz: algas, cochayuyo, y otras fragancias marisqueras. En eso, el chiflido del piloto de la avioneta me regresó del sueño… me pasó la mochila y me dijo: para llegar al pueblo, debes caminar “por ahí”, señalando con el dedo índice de su mano derecha, el camino que salía del aeródromo. Las personas que venían conmigo en el viaje, ya no estaban. Estreché la mano del piloto, le pagué, y le pregunté cuándo vendría de nuevo, ¿cuándo se quiere ir? -me preguntó-. No sé, yo creo que estaré aquí una semana… le respondí ¡Listo! El día antes, usted me llama por teléfono y yo vengo a buscarlo -finalizando el diálogo extendiendo su mano-.

Metí la mano en mi bolsillo derecho, buscaba mi celular. Miré la pantalla, y apareció el mensaje que me acompañaría todos los días de mi estadía en la isla: “Sin Servicio”. Me afligí, porque… ¿cómo diablos llamaría al piloto para que viniera por mí? Me devolví rápidamente hasta donde estaba él y le expliqué la situación. No, acá no hay señal. Me tiene que llamar desde la ferretería. ¿Dónde está la ferretería? Pregunté casi inmediatamente. Siga el camino y doble en dirección a la derecha…

(El aeródromo de la Isla Mocha, está ubicado casi a 2 kilómetros del centro; se imaginarán la cantidad de cosas que pasaban por mi mente…)

En la actualidad, muchos de nosotros no podemos vivir sin estar conectados al notebook, el celular, la BlackBerry, el iPhone o la cacha de la espada… los mails, Facebook o Twitter, son parte de nuestro nuevo mundo tecnológico, una realidad alterna, donde puedes realizar un sinfín de cosas sin moverte -literalmente- de tu casa. En este sentido, escaparse a la Isla Mocha, es retroceder en el tiempo, puesto que, adondequiera que desees ir, lo debes hacer caminando y cargando el peso de tu equipaje. Olvídate de la comodidad de los taxis aquí, porque no existen. De hecho, aquí deben haber unos 6 vehículos, incluido el de Carabineros y de la Armada. Los otros, son de los empresarios que nombré anteriormente al iniciar este escrito.

Vivir en este lugar, es escaparse de la vorágine de la ciudad y del trabajo. Aquí se vive y se respira paz. Asimismo, puedes observar la belleza natural que la ciudad te esconde detrás de esos gigantes de concreto repartidos por doquier. Literalmente, éste, es un lugar al otro lado del siglo XXI, donde las personas se movilizan en carretas. Donde se cosecha para comer. Donde, para ganar dinero, debes salir a pescar o recoger luga. Donde no hay agua potable, sólo de pozo. Donde no saben de luz eléctrica y no hay señal de celular (menos de internet; salvo Carabineros y la Armada). Sólo existe la majestuosidad y belleza de la naturaleza y de las lagunas Hermosa y Los Guairavos. Además, puedes comer quesos frescos, elaborados por los propios habitantes de la isla, verduras y frutas sin cuestiones artificiales… y muchas cosas más.

(A veces, es muy necesario “desconectarse” y disfrutar de las otras cosas que forman parte de nuestras vidas).

Más información: Isla Mocha (Punta Norte)Isla Mocha (Sur)

Comentarios

  1. Concuerdo contigo en todo lo que mencionas. Yo no vivo en una ciudad tan grande, pero sí estoy "tremendamente conectado" durante el año.. aunque busco escaparme a acampar durante el verano.

    Nos hace falta.
    saludos! que gusto leerte nuevamente

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  2. Debe ser un paraiso, siempre que todo funcione bien. Me refiero a que ponerse enfermo ahí debe ser un problema.
    Pero, en todo caso, para pasar unos días en contacto con la naturaleza y reencontrarse con uno mismo debe ser un sitio ideal

    Un saludo

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