Pedir perdón



Ha pasado mucho tiempo desde mi última actualización en este blog, pero acá me tienen moviendo los dedos en el teclado de mi computador para compartir, una vez más, un pedacito de mi vida.

En esta oportunidad, me gustaría exponer algo que a todos nos cuesta trabajo: pedir disculpas. A mí me costó. Lo tuve que hacer hoy, en una conversación con una de mis compañeras, con quien, hace algunos meses, tuve un pequeño inconveniente; más bien, fui yo el que se alejó de ella sin explicarle el motivo. Por muchos días la ignoré, ¿y saben qué? Duele.

Me considero una persona crítica de la sociedad, del actuar de las personas, principalmente, las que están ligadas a profesar la fe. Sin embargo, todo este tiempo, estuve preocupado de "mirar la paja en el ojo ajeno, y no ver la viga presente en el mío"; cosas de la vida, ¿no? (Y yo que esperaba no caer en este tipo de estupideses).

Pasó mucho tiempo racionalizando mi actuar. Mi compañera jamás se enteró por qué yo estaba molesto con ella. Sólo actué ignorándola infantilmente a través de la "ley del hielo". Sí, sé que es feo; y al borde de recibir otro apelativo, lo asumo. Así estuve meses. Hasta hoy. Entremedio, conversaciones con un sacerdote, me hacían caer en la cuenta de lo incoherente que era con mis principios y valores; ¿cómo puedo estar "alegando" que los cristianos somos incoherentes, si yo mismo lo soy? No, pues, había que poner coto al asunto y dejar de "dar la hora".

Hace una semana, tuve la posibilidad de asistir a un retiro espiritual. Digamos que, fue la ocasión perfecta para reflexionar sobre mi actuar. Previamente, me reuní con un sacerdote amigo para conversar sobre cosas de la vida; y algunas cosas más personales (como la situación con mi compañera). Él me hizo ver lo mal que estaba con mi actitud, sobre todo, pensando en que me preparo para dar clases de religión. Esto, junto con la experiencia del retiro; en silencio, caminando, reflexionando y resumiendo mi vida, permitió ablandar mi corazón soberbio y dar el paso para la reconciliación con mi colega.

Eran las 14:40 hrs. Finalizaba otro sábado de clases. En la sala, sólo quedaban dos compañeras y un compañero; entre ellas, Marcela. Esperé a que salieran los otros compañeros para conversar a solas con ella. Me acerqué y le pedí si me podía dar un minuto para conversar. Ella aceptó. El diálogo fue más o menos así:

(Esto es sólo un resumen de la conversación original).

-Marcela, quiero conversar contigo, en realidad, pedirte disculpas por mi actitud durante todo este tiempo. Hace mucho que debí acercarme para conversar, pero como soy terco, soberbio, y porque me daba vergüenza no lo había hecho, es que me acerco para pedirte disculpas. Sé que la embarré. Que mi actitud fue infantil y absurda. Pero hoy la quiero remediar (ella me miraba atentamente).
-Mira, Francisco -me dijo-, yo también debí acercarme para hablar contigo... (Caminamos hasta la entrada).
-Yo sé que pude habarte hecho daño con mi actitud, porque, si me pongo en tu lugar, igual debió ser desagradable la situación.
-No, si, para mí tampoco fue fácil. Obvio que en un minuto pensé varias cosas y mi reacción tampoco fue correcta, pero me sané, y hoy no tengo problemas contigo.

Estiró su mano, en clara señal de hacer las pases, pero yo abrí mis brazos y la abracé. Al oído le di las gracias, y al separarnos, ella, con sus ojos cristalinos, acarició mi mejilla izquierda. Así nos despedimos...

Ahora bien, ¿por qué compartir esto? Porque no tengo vergüenza de dar a conocer como soy, lo que pienso y los errores que he cometido. Es más, estoy convencido de que, lo más importante, es el modo en que uno reflexiona, cuestiona su actuar y corrige lo malo. Además, lo que viví junto a Marcela esta tarde, es una situación cotidiana que todos podemos enfrentar. Créanme, es doloroso saber el daño que uno le puede provocar a otra persona. Sin duda, lo lindo de todo esto es, que nunca es tarde para acercarse a las personas y solucionar los conflictos.

Yo sé que muchos creyentes leen este blog; también lo leen muchas personas que no creen en Dios. Mas, lo ocurrido esta tarde, es clara señal de cómo dos personas abrieron su corazón, escudriñaron en los recuerdos, las sensaciones y los pensamientos, para dar paso al entendimiento, el cariño y el perdón. A veces, dar el primer paso cuesta. Pero cuando te atreves, el caminar se hace una actividad muy alegre y esperanzadora.

Estimadas/os lectoras/es, no pierdan el tiempo. Si tienen un conflicto con una persona que estiman, atrévanse a dar el primer paso; no pierden nada. Al contrario, ganarán a su amiga/o. No dejen que el egoísmo y la soberbia impidan que puedan pedir disculpas -o perdonar- a esa persona querida.

Comentarios

  1. Bueno e interesante lo que has compartido.
    Trato de no enemistarme con nadie y proclamo que sea así.
    El perdonar desde dentro ya es un paso logrdo no???

    Además la vida me ha enseñado que hay una justicia superiot que se encarga de quienes comenten el error de lastimar.

    Que la semana que comienza te sea grata!!!!
    Cariños

    "Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano."
    Isaac Newton

    ResponderBorrar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderBorrar
  3. gran reflexión y por supuesto una gran lección, este acto de perdón es sin duda una muestra del "amor sin medida" con la imperfección humana.

    realmente un placer leer tu blog y tener la oportunidad de compartir una lección de vida.

    un abrazo en Cristo!!!

    ResponderBorrar
  4. Muy buena reflexión, seguí así!.

    ResponderBorrar
  5. Tiempo sin leerte, Francisco.
    Gracias por tus palabras.. creo que el perdón es de esas cosas por las que nadie quiere pasar debido al orgullo y soberbia como tú bien dices.. pero es también ese acto que nos dignifica, precisamente, porque es tan propio del Señor misericordioso.

    saludos a Marcela

    ResponderBorrar
  6. solo quiero decir que quiero a pancho, desde el primer momento que lo vi, vi a mi hijo y lo senti como un hijo, a pesar que estuve mucho tiempo cerrada de mente, el amor me hizo recapacitar... ya no estaba enojada... solo lo queria, en silencio esperaba que estuviera bien

    ResponderBorrar
  7. En este momento no tengo mucho tiempo para dedicar a los blogs. Quiero decirte que estás en mi corazón y en mi oración. Un fuerte abrazo

    ResponderBorrar
  8. Bien hecho, ser coherentes es una de las cosas más dificiles de conseguir

    Un saludo

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Agradezco que participes siempre que lo hagas con respeto. Te recuerdo que este sitio se reserva el derecho de moderación. En este sentido, cualquier comentario grosero o fuera de lugar, simplemente, será suprimido.

Entradas populares