Decidido, opto viajar por Chile. Las misiones, se han implementado con mucho éxito por muchas órdenes durante años en nuestro país. La ayuda espiritual, tanto para la persona que la brinda, como para el que la recibe, es un crecer constante. Es la idea de este proyecto, que busca integrar a los jóvenes que viajarán junto a mí, a las actividades de la congregación. Gran reto. Un tremendo desafío. Además de aprender a convivir conmigo mismo, aprenderé a compartir con personas que no conozco. Acompañarnos, y en general, transformar lo que es una situación de convivencia “normal”, en una relación más íntima, casi familiar. Y, más encima, estaré a cargo del grupo. Me sumerjo a la oración.
Durante estos días, me he abocado a coordinar lo necesario para vivir mensualmente. Los gastos en comida, alojamiento, transporte y útiles de aseo, son algunos de ítems a considerar. He gastado mucho dinero en llamadas telefónicas, pero estoy seguro que valdrá la pena. Somos 25 personas. Así que, imagínense lo que es elaborar un presupuesto mensual, y dejar contento a todos los involucrados.
Finalmente, encuentro que soy muy afortunado de poder vivir este tipo de experiencia. Conocer Chile, mi país, de modo íntegro es una sensación muy agradable e inolvidable. Me encontraré con muchos amigos. Muchas personas que conocí viajando de modo particular, cuando a mediados de este año hice la travesía solitariamente. Entonces, veré cómo los encuentro, nos acercaremos espiritualmente y aprenderemos unos de otros.
Y tú, ¿A qué le dedicas tu tiempo?
Es la pregunta que me hicieron en un congreso de sociología. Inmediatamente, acerqué la pregunta al ideal espiritual; siendo la respuesta, el modo en el que gastamos nuestra vida. La introspección fue algo dilatada. Hay muchas cosas que hago no me reportan ningún beneficio, ¿De qué me sirve leer “la casa de los espíritus”? Digo, para que no se malinterprete: “no es malo leer el libro de Isabel Allende. La cuestión es, qué enseñanza me deja su lectura”. Poco a poco, he descubierto la importancia de razonar los actos a diario. Mirar el final del camino, razonar con detención para dónde estamos llevando nuestra vida y en lo que estamos gastando nuestras energías.
Casualidad o no, hace unos días me vi leyendo la novela de Isabel. Sin razonar la importancia que tiene utilizar de modo óptimo cada tiempo libre. Generalmente, cuando le preguntas a un sacerdote en qué ocupa su tiempo, te encuentras con que leen mucho para mantenerse actualizados del acontecer mundial. Están ligados con todos los escritos provenientes desde la ciudad del Vaticano, para no desviarse del camino que el sumo pontífice quiere para toda su iglesia. Qué orden.
El mundo nos lleva a mirar banalidades, como la famosa “farándula”; término del cual estamos obligados a familiarizarnos. Observar, cuántos centímetros cúbicos se pondrá en sus pechugas la Pamela Díaz; o la guagua de Julio César Rodríguez. Nadie se detiene a pensar, para qué se quiere aumentar el tamaño de sus pechos la Díaz. O bien, las complicaciones que tienen el par de opinólogos para poder alcanzar un mínimo de respeto para poder convivir en paz. Y la problemática con la que crece ese pequeño, su hijo. Terrible. Pero eso no parece importarles a las personas; y claro, si lo ven ajeno.
Ahora, utilizaré este tiempo para crecer y aprender lo necesario para alcanzar la felicidad, algo tan esquivo para muchos, pero tan fácil de lograr estando en el camino de la verdad; en el camino de Dios.
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